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Experto electoral internacional dice la democracia, los derechos y las libertades no se confinan

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(MENOSCAL REYNOSO) WHASHINGTON, EE.UU.- La democracia está enferma y corre el riesgo de hacerse crónica, a juicio del analista electoral, Juan Pablo Pozo Bahamonde, quien señala que los ciudadanos de la región están abandonando su apoyo al régimen democrático y prefieren ser indiferentes al tipo de régimen, alejándose de la política, la democracia y sus instituciones.

En un análisis publicado en la revista PAÍS DOMINICANO TEMÁTICO, advierte que una muestra clara de la erosión de la formalidad democrática, más allá de los indicadores, puede verse en el último ciclo electoral de la región entre 2017 a 2019, donde luego de la celebración de 15 elecciones presidenciales y legislativas en los países de la región, estalló en el segundo semestre del 2019 la denominada «primavera latinoamericana», caracterizada por amplios procesos de movilización y protesta social en Ecuador, Colombia, Perú, Argentina, Haití, Nicaragua, Chile, Bolivia, Brasil y Venezuela.

De acuerdo con Pozo Bahamonde, quien ocupó la presidencia del Consejo Nacional Electoral de Ecuador en el 2015, a los grandes problemas estructurales ya descritos, en el plano democrático, la pandemia de la Covid-19 ha generado la imposibilidad de celebrar las elecciones en las fechas previstas en sus marcos constitucionales y legales.

Refiere que a nivel mundial se tenía planificado la celebración de comicios en 86 países en diversas regiones, entre los que se destacan las elecciones presidenciales y legislativas en Bolivia, Estados Unidos, República Dominicana, Etiopia, Polonia y Venezuela, y los referéndums constitucionales en Chile y Rusia.

Según el Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA), en su informe sobre el panorama global y mundial del impacto del Covid-19 en las elecciones, otros países que se han visto en la necesidad de reprogramar elecciones son Colombia, Perú, Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.

“Debemos estar atentos al gran peligro que representa el que aparezca mimetizado en la mitad de la crisis la nefasta presencia del totalitarismo, autoritarismo y el populismo, junto con la erosión de los derechos fundamentales, aprovechándose del desarrollo de los estados de excepción o emergencia”, advierte Pozo.

Y dicta una sentencia como juez en tribunal: “la democracia, los derechos, las libertades no pueden estar nunca en cuarentena, en este punto de quiebre histórico de la humanidad es preciso la activación de todos los mecanismos de participación y observación ciudadana para evitar el quebranto de los derechos fundamentales y un mayor deterioro de la calidad de nuestra democracia regional”.

Para Pozo, la pandemia del Covid-19 viene poniendo a prueba la resiliencia de los sistemas democráticos de la región y el mundo.

Las encuestas de opinión pública muestran una caída de 12 puntos en el apoyo a la democracia durante diez años, del 60% en 2008 al 48% en 2017, y un descenso cercano a los nueve puntos solo en los últimos tres años, (2015-2017). En promedio, apenas el 16% de ellos cree que la distribución de la riqueza es justa, el 32% cree en su gobierno, el 24% confía en el sistema judicial, apenas el 21% en su Parlamento, el 28% en los órganos electorales, y el 65% considera que la corrupción es un problema grave.

El especialista ecuatoriano asegura que en esta nueva década en Latinoamérica y el Caribe el horizonte se torna gris, y que para el año 2030 los datos más optimistas calculan una pobreza extrema del 5,7% y en el más pesimista, el 11,9%; lo que significaría entre 14 y 22 millones de personas más en pobreza extrema en la región.

El Banco Mundial (BM), ha advertido que el virus podría arrastrar a la pobreza extrema a entre 40 y 60 millones de personas este año por el Covid-19.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), estima que más de la mitad de la población activa podría perder sus empleos en los próximos meses.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA), ha señalado que aproximadamente 265 millones de personas padecerán una crisis alimentaria si no se toman medidas directas.