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Con la guerra perdemos todos

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Por Pedro Franco

Finalizo el 2020 y es tiempo de pensar el 2021. Hemos dicho, y hoy repetimos que, aunque es aún temprano para hacer evaluaciones y vaticinios respecto al nuevo gobierno con perspectivas de futuro, existe un entusiasmo colectivo, el cual compartimos, con el manejo de la política doméstica que lleva adelante el presidente Luis Abinader, especialmente en lo referente a la independencia de la justicia, lo que permite a la población ser actora de primer orden.

No obstante, hoy debemos reiterar cómo esa política no es cónsona con la exterior, que en boca del Canciller se percibe sobrecargada de contaminación trumpista y de su vocabulario guerrerista, la insistencia del magnate de Wall Street en reabrir la guerra fría, quizás favorable para sus negocios y los de sus socios del establishment, pero contrario a los intereses de los pueblos, incluido el norteamericano, de los trabajadores y de la gente que desea vivir en paz y fraternidad.

El trumpismo ha querido revivir heridas heredadas de los viejos conflictos bélicos y reanimar otros fuegos aún latentes, lo que nos parece nada favorable para nuestros países. Sólo desde posiciones ideológicas ultraconservadoras puede defenderse ese tipo de políticas fundamentalistas y nada geniales; un plato de lentejas, jamás pueden justificar el holocausto hitleriano contra los Judíos, traído al día de hoy; mucho menos muestra algo de sabiduría en sus impulsores y quienes gustan ensalzar la violación a acuerdos como el estatus de Jerusalén, los acuerdos USA-URSS para el desarme y la no proliferación de armas nucleares, el llevado a cabo con Irán, et., a sabiendas que por lo común los “chiquitos” que bailan al ritmo de los tambores de la guerra, o aquellos que se involucran en guerras injustas de otros, como las guerras imperialistas, por lo común, “se queman”. Ese no es el fin deseado ni debe ser el previsto para el gobierno del cambio que apenas se inicia.

Desde este punto de vista, tampoco entendemos la correlación de la estrategia “La República del Mundo” con “un mundo en guerra”. ¿Qué gana esta “estrategia” bloqueándose contra la justa aspiración del pueblo palestino para que se cumpla el acuerdo de la ONU de 1947 y su derecho a ser un Estado independiente con las mismas prerrogativas que tiene el Estado de Israel, y con ello el derecho a la paz de todo Medio Oriente? ¿Qué gana nucleándose con Uribe= ¿Duque, Bolsonaro y otros sirvientes de Trump para atentar contra la soberanía de Venezuela y Cuba siguiendo el despreciable libreto OEA-Trump?

Es bien entendible cuando en su estrategia de internacionalización Barcelona se publicita como “La Puerta de Europa”, México como “País de Acogida”, pero “La República del Mundo” si su objetivo estratégico es seguir a la cola de todo lo que se le antoje al Tío Sam y a Trump, entonces olvidemos ser el país Libre, Soberano e independiente que Duarte soñó, amaneceremos un día cualquiera con un Gobernador designado al estilo Guaidó o “electo” como Puerto Rico, y abandonado por la metrópoli ante cualquier marea. Pienso, sería más dignificante ser parte de una zona de paz como ha acordado CELAC sean el Caribe y América Latina.

* El autor es Secretario de Relaciones Internacionales y Diáspora del Frente Amplio, República Dominicana.

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