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De Juan Guaidó a Donald Trump

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Por German Marte

El gobierno de Donald Trump ha estado tan obstinado en su afán por imponer su criterio en Venezuela que primero reconoció a Juan Guaidó como presidente de esa nación, a pesar de que nadie votó por él para ese cargo.

Y luego empujó a cerca de 50 países, que incluyó a República Dominicana, para que hicieran lo mismo.

Más que parte de una estrategia imperialista para apropiarse de los inmensos recursos naturales de ese país, el apoyo a la caricatura presidencial que significa Guaidó como todo lacayo, y el bloqueo a Venezuela -que no es otra cosa que una guerra económica con efectos catastróficos para los venezolanos más pobres-, la posición ha sido vista por muchos como un anacronismo, una ridiculez de Trump.

La última escena de esta tragicomedia al estilo Donald Trump la protagonizó el exalcalde de Nueva York y hasta hace poco reputado abogado Giuliani a quien parece que la calentura en la cabeza no solo le destruyó más millones de neuronas que los dólares que cobró a su cliente, sino que también le derritió el tinte, al punto que el chorro negro sobre su mejilla corría más rápido que sus desafortunadas ideas, con lo cual se convirtió en el hazmerreír a nivel mundial.

En una alocada rueda de prensa, dice la agencia AFP, «Giuliani acusó sin pruebas concretas a Nicolás Maduro, George Soros e incluso al campo demócrata de haber participado en un gran fraude en torno al escrutinio presidencial estadounidense». El abogado también acusó a los gobiernos de Cuba y Nicaragua de estar detrás del presunto fraude contra su cliente.

Los psicólogos llamarían a esto mecanismo de proyección. Algo que se da cuando un individuo atribuye a otra persona lo que le está ocurriendo a sí mismo, normalmente de forma inconsciente.

Que ese trastorno ocurra en un ciudadano de a pie es comprensible, puede que hasta risible e inofensivo, pero si se trata del presidente de la primera potencia mundial, o su abogado, ya es grave, patético.

Obviamente, los intereses en juego son demasiados como para que el establishment permita que las cosas se les vayan de las manos y por eso vemos que a pesar del pataleo al estilo caribeño, uno tras otro le han ido sacando la alfombra y al final Trump no tendrá más opción que desalojar la Casa Blanca para que la ocupe su rival, Joe Biden, que si bien no es una monedita de oro, al menos representa la sensatez, y la voluntad de casi 80 millones de estadounidenses que acudieron a las urnas para sacar al obstinado republicano del poder y acabar así con la amenaza que este representa para Estados Unidos y el resto de la humanidad.

Por más que brinque, salte, pataleé o se despeine su rubia pollina, Trump entregará el poder a Biden en enero de 2021.

Mientras tanto, por estos lares, vamos a ver cuánto más durará en escena el mal actor que es Juan Guaidó, que también le ha hecho daño a su país al promover acciones contra el mismo pueblo que dice defender. Pero el venezolano sí que no entregará el poder a nadie…porque ¿Cuándo lo ha tenido?

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