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El nuevo gobierno, la COVID-19 y la deuda pública de la República Dominicana

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Por Carlos Suero

Cuando se acude a los mercados financieros internacionales en busca de recursos económicos que aumente la deuda pública, la sociedad dominicana manifiesta inquietudes si el monto contratado supera el índice del 2,5% del PIB y los ajustes fiscales para solventar la nueva contratación.

En gran medida no preocupa a los sectores de opinión el periodo de contratación, la tasa de interés ni las comisiones y cargos en la tramitación de la deuda, sino aquellos renglones a donde van destinados los recursos.

Al presentarse dificultades en la producción en un periodo tan largo como el presente, la crisis económica se manifiesta de manera variable, al extremo de tener resultados reaccionario de la sociedad con protestas en sectores con gran incidencia en la vida nacional.

Una experiencia atinada son las crisis por impago de Argentina y la recepción económica de México al final del siglo pasado, la República Dominicana ha disfrutado de una larga bonanza en el sector turismo y las remesas, ampliándose con la apertura de nuevos mercados para el intercambio comercial que vienen a sumarse a mercados como los EE. UU y el binacional con la República de Haití. Esas fuentes de ingresos le han permitido a República Dominicana una sostenibilidad en el caudal de divisas que trae como consecuencia aspectos de carácter económicos internacional que fortalece la economía y levanta el interés de los operadores financieros internacionales.

La República dominicana con una reserva internacional saneada es una nación pretendida y esperada en los mercados financieros internacionales y a eso se debe  que a pesar de la crisis sanitaria provocada por la pandemia del COVID-19, ha sido rápido y fácil colocar 3,500 millones de dólares en bonos, mas 300 millones de dólares en préstamos.

Esta nueva deuda de 3,800 millones de dólares aumenta en un 48.4% del PIB la Deuda Publica de la R.D. Este indicador muestra una baja inversión en la productividad de rubros para la exportación. Para el cumplimiento de las obligaciones internacionales, no es aconsejable el financiamiento, los países deben ser sostenible y auto suficiente en su base productiva, principalmente en lo relacionado al consumo interno y la exportación.

Las variables económicas exógenas como el turismo y las remesas, están sujetas a condiciones externas de origen, y por lo tanto las proyecciones con frecuencia son erróneas. La colocación de 3,800 millones de dólares en bonos y prestamos ha sido para completar el financiamiento del presupuesto de este año 2020, y de esta manera hacerle frente a la crisis que ha generado la COVID-19. Se espera que esta nueva colocación, traerá ajustes económicos que frenaran el crecimiento y, por lo tanto, el aumento del desempleo.

La inflación se incrementará en 1.8% al finalizar este año, y avanzará en un 2.7% en el primer trimestre del año 2021. Eso nos indica que el gobierno tendrá que lidiar con una fuerte crisis económica caracterizada por bajos ingresos, alta tasa de desempleo, aumento de la inflación, presión fiscal y revuelta social. Dependerá del gobierno el destino de los recursos, como también responsabilidad de invertirlo en renglones de mayor productiva, capaz de frenar el descontento social y seguir cumpliendo con las obligaciones financieras en los mercados de deudas públicas.