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Jovenel, con el agua al cuello

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Por German Marte

No es el primero y, probablemente, no será el último. La verdad irrebatible es que el presidente de Haití, Jovenel Moise, tiene el agua al cuello… y sigue lloviendo.

Mientras la oposición, todas las iglesias, la sociedad civil, y hasta jueces de las altas cortes insisten en que su mandato finalizó el pasado domingo, Moise argumenta que fue electo en noviembre de 2016 y que asumió el 7 de marzo de 2017.

En octubre de 2015 Jovenel Moïse fue declarado ganador en primera vuelta, sin embargo, los comicios fueron declarados nulos tras denuncias de fraude. Un año después, en noviembre (2016), volvió a ganar los comicios, y asumió el 7 de febrero de 2017.

Desde marzo de 2019 el país carece de primer ministro, que en Haití es el jefe de gobierno, y hace más de un año también está sin Parlamento porque terminó la legislatura y no se han celebrado elecciones para renovar la Cámara de los Diputados y el Senado.

Y es así como Moïse lleva más de un año gobernando solo, con el único apoyo de la milicia creada por él al poco tiempo de asumir la Presidencia.

Haití, históricamente, ha sido un país difícil de manejar. El presidente ha visto mellada su popularidad tras los escándalos de corrupción sobre el uso dado a los fondos aportados por Venezuela a través de Petrocaribe. Se habla de más de tres mil millones de dólares cuyo destino no está claro.

Siguiendo el ejemplo del otro lado de la isla, donde la Marcha Verde puso en jaque al gobierno de Danilo Medina con su reclamo de fin de la corrupción y la impunidad, miles de haitianos salieron a las calles a protestar contra la corrupción del gobierno de Jovenel y en demanda de que se aclarara el uso dado a los fondos aportados por Petrocaribe.

Nadie sabe cómo, pero el joven presidente logró sobrevivir a las multitudinarias protestas. Pero su imagen quedó muy maltrecha. Aprovechando el cansancio de una población más centrada en conseguir la comida del día siguiente y la relativa debilidad de la oposición, Moïse insiste en quedarse.

Su propuesta de una reforma constitucional para, entre otras cosas, eliminar la figura del primer ministro –una locura en un país tan institucionalmente débil- y en cambio establecer la del vicepresidente, como se estila en la mayoría de los países de la región. Su proyecto también contempla un congreso unicameral.

A mi juicio, es una propuesta muy razonable.
El problema es que quien la está proponiendo, al parecer, carece de credibilidad. Y el reclamo generalizado es que se vaya ya.

Es una verdadera lástima que esto esté ocurriendo en Haití, que tiene el gran mérito histórico de ser la primera nación de América en abolir la esclavitud.
La crisis se agudizó desde el pasado domingo, cuando la oposición optó por designar a un juez como “presidente sustituto”.

Todo dependerá de la capacidad de movilización que tenga la oposición y la llamada sociedad civil, toda vez que, hasta ahora, Estados Unidos se mantiene más inclinado hacia Jovenel, igual que la desacreditada OEA, pero hay que señalar que Joe Biden es mucho más sensato que su antecesor, por lo que no se descarta que Washington varíe su posición si sube la temperatura en la empobrecida nación.
Como vecinos, los dominicanos debemos estar muy atentos a lo que pase de aquel lado de la frontera y desear que se produzca una salida lo menos tortuosa posible, para beneficio de una nación digna de mejor suerte y gobernantes honestos.

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