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La función pública, una aspiración del desarrollo democrático

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(A propósito del justo reclamo por empleos de las bases del PRM).

Por Manuel Salazar

En un Estado moderno debería distinguirse unas cuestiones vitales:

1.- La normativa general que rige a la sociedad en general (Constitución, leyes, reglamentos); 2.- Las organizaciones regidas por esa normativa, que cumplen quehaceres determinados y diferenciados entre unas y otras; 3.- Las políticas públicas que se definen y aplican para responder a las necesidades del pueblo y de la nación como tal; 4.- Los recursos financieros con los que se cubren todas las necesidades y funciones, y 5.- Los servidores y funcionarios públicos, con los cuales el Estado cumple todo lo anterior.

En un Estado que se precie de moderno, estos servidores y funcionarios públicos se suponen calificados, estables y reclutados conforme a una norma. Su ingreso a la función pública, permanencia, ascenso y retiro de esta, hace parte de una institucionalidad, y debe aportar a la calidad del proceso democrático; es decir, a satisfacer de manera eficiente y eficaz las necesidades del pueblo, y los propósitos del Estado.

Este es el ideal. Porque todo eso debe corresponder a una realidad material; a la economía general del país principalmente.

En República Dominicana «el Estado es el principal empleador». La cantidad de empleados debe andar en este momento por las 650 mil personas o más.

El desempleo y el subempleo también son muy altos aquí. Y la precariedad de los salarios en los sectores privados que más emplean, es otro problema adicional.

Así que conseguir un puesto en el Estado, principalmente en el gobierno, es una aspiración de miles de ciudadanos dominicanos.

La militancia política, y por supuesto, la oferta de los partidos políticos a su membresía, están atravesadas por esta realidad.

Los que se «fajan» para que su candidato y partido ganen, esperan con justa razón ser recompensados con un nombramiento.

Y, desde que las tendencias se hicieron dominantes en los partidos del sistema, la lucha por un empleo corre por los rieles de estas … El equipo de Fulano, Mengano, o Sutano, se escucha mucho en el proselitismo político dominicano, y en muchos otros países de América Latina.

Y así se distribuyen los Ministerios, Direcciones, etc. En tales o cuales no están los Servidores para los propósitos del Estado, sino la gente de Fulano, Mengano o Sutano, que suelen asentar sus aspiraciones políticas futuras, en la parte del Estado que les ha sido asignada; donde colocan sus «cuadros» para que hagan el trabajo que los llevará a ganar convenciones. Tras la toma de posesiones de los gobiernos se escucha mucho que ¡A Fulano le dieron tal o cual Ministerio!

El Estado deviene en un amasijo de micro propósitos.

Todavía es así.

Si no mal recuerdo, hay pasajes de la novela La Sangre, de Tulio Manuel Cestero, que narra las adversidades políticas y sociales durante la dictadura de Lilis, y uno de sus personajes, necesitado de un empleo público, lo busca, lo cabildea, y hasta se ve en el dilema de tener que plegarse a los dictámenes de la dictadura para lograr el nombramiento ansiado.

Parece hoy.

Con la gravedad de que esta realidad se ha hecho dominante en la actividad político/ partidaria, y ya permea el progresismo y la izquierda.

Se ofrecen nombramientos en el Estado para conseguir votos, y hasta financiamientos de campañas electorales.

Y si se quiere «ningunear» a un líder o dirigente político, no se le da ningún cargo o área del Estado, para proyectar la idea de que este no significa nada, porque no puede garantizar nada a sus seguidores.

Así las cosas, hay cualquier cantidad de semianalfabetos en funciones públicas esenciales para los propósitos del Estado y el bienestar general del pueblo.

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