El presidente de Bolivia, Luis Arce, jura al cargo en el parlamento con diputados de fondo en La Paz (JUAN JOSE PERALTA / AFP)

Ni la expresidenta provisional Jeanine Áñez, ni el exmandatario izquierdista Evo Morales han estado presentes en la toma de posesión

El progresista Luis Arce, del Movimiento al Socialismo (MAS), ha tomado este domingo posesión de la presidencia de Bolivia en La Paz con dos ausencias destacadas: la ya expresidenta ultraderechista Jeanine Áñez y el también exmandatario y mentor de Arce, el izquierdista Evo Morales, que este lunes dejará su exilio en Buenos Aires para regresar al país dándose un baño de masas. La sombra del líder cocalero se proyecta sobre su delfín.

Con el puño izquierdo en alto y la mano derecha en el corazón, Arce entonó el himno boliviano tras jurar el cargo en la Asamblea Plurinacional y recibir los atributos presidenciales entre gritos de “¡Lucho, Lucho!”. El apelativo popular con que se conoce al nuevo mandatario fue coreado también durante el discurso que pronunció acto seguido, donde aprovechó para pasar factura al gobierno provisional, que ha estado un año en el poder tras la inesperada dimisión de Morales entre acusaciones de fraude.

El presidente de Bolivia, Luis Arce, jura el cargo en el parlamento
El presidente de Bolivia, Luis Arce, jura el cargo en el parlamento (Jorge Mamani / AP)

 

“Bolivia fue escenario de una guerra interna”, dijo Arce. “El gobierno de facto se impuso”, continuó. “Se sembró muerte, miedo y discriminación, recrudeció el racismo y se usó la pandemia para prorrogar a un gobierno ilegal e ilegítimo”, agregó. “Se llenaron la boca de democracia mientras intentaron proscribir, no solo al MAS, sino al pueblo en su conjunto”, insistió Arce, que considera que el gobierno provisional instalado tras el vacío de poder generado por la huida de Morales se debió a un “golpe de estado”.

No obstante, y aunque el discurso de investidura volvió una y otra vez a Áñez –sin citarla-, a quien responsabilizó de la “triple crisis” que vive Bolivia –política, sanitaria y económica-, Arce hizo varias veces llamamientos a la “unidad para vivir en paz”. “Creo en la justicia, no en fomentar un ambiente de resentimiento y de venganza”, indicó. Y citando al escritor y líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, referente de la izquierda intelectual boliviana asesinado por la dictadura en 1980, manifestó: “No es el odio lo que impulsa nuestros actos, sino una pasión por la justicia”.

Antes del discurso en el parlamento de Arce y de su vicepresidente, el exministro de Exteriores David Choquehuanca, legisladores e invitados guardaron un minuto de silencio por las 22 víctimas que, al menos, fallecieron en las localidades de Sacaba y Senkata durante los enfrentamientos entre manifestantes partidarios de Morales y las fuerzas del orden, en noviembre del año pasado, durante los días posteriores a la asunción de Áñez.

Arce, de 57 años, está considerado el artífice del llamado “milagro económico boliviano”, pues fue ministro de Economía y Finanzas durante casi todo el periodo de gobierno de Morales, cuando el país experimentó uno de los mayores crecimientos de la región. Ocupó dicha cartera entre 2006 y 2017, y luego en 2019, hasta que la dimisión y exilio del líder cocalero provocó también su salida del país. En enero pasado fue proclamado en Buenos Aires candidato del MAS a la presidencia, tras una disputa interna en esta heterogénea organización política, que se saldó con la imposición del nombre de Arce por parte de Morales.

El exministro se impuso el 18 de octubre, con el 55% de los votos, al expresidente centrista Carlos Mesa, que obtuvo cerca del 29% en unos comicios que representaron la repetición de las elecciones que el año pasado habían dado la polémica victoria a Morales, entre acusaciones de fraude que acabaron en protestas y en su dimisión.

La victoria de Arce fue rápidamente reconocida por Áñez, Mesa y la mayoría de formaciones de derecha, a pesar de los intentos minoritarios de algunos grupúsculos conservadores de organizar protestas en las calles. Tradicionalmente opositores al MAS, los comités cívicos de las regiones orientales esperaron hasta esta semana para convocar “paros cívicos” para protestar e intentar paralizar la asunción de Arce, aunque esta suerte de huelga general solo tuvo algún seguimiento en la provincia de Santa Cruz de la Sierra, históricamente enfrentada al poder central de La Paz.

A la ceremonia de asunción asistieron varios líderes latinoamericanos, como el peronista Alberto Fernández o los mandatarios conservadores de Paraguay, Mario Abdo, o Colombia, Iván Duque. También estuvo presente el rey Felipe VI, que viajó acompañado del vicepresidente español, Pablo Iglesias, cuyo partido político, Podemos, es muy cercano al MAS, históricamente.

La ya expresidenta Áñez prefirió marcharse a su región natal, Beni, antes de la toma de posesión de Arce. “He vuelto al Beni, a mi hogar, los que hoy me están acosando, tendrán tiempo”, tuiteó Áñez el sábado, anticipando que probablemente el nuevo gobierno tratará de perseguirla judicialmente por las víctimas de Sacaba y Senkata. “Entrego un país con la pandemia controlada, con la economía levantándose y con la democracia bien cimentada”, dijo también Áñez, que hace un año asumió la presidencia provisionalmente cuando era vicepresidenta del Senado, después de la desbandada general del gobierno de Morales y de los legisladores del MAS.

Mientras tanto, Morales siguió la ceremonia desde Buenos Aires y felicitó a su delfín tuiteando. “Junto al pueblo, cuidaremos al gobierno, a nuestro proceso de cambio, trabajaremos por la unidad y saldremos de la crisis económica por el bien de próximas generaciones”, dijo el presidente del MAS, que optó por quedarse en Argentina hasta este lunes para no opacar a Arce, que en la campaña electoral supo mostrarse como moderado y obtener más apoyo que el 47% logrado por Morales en las controvertidas y anuladas elecciones del año pasado.

El gobierno de Áñez anunció que no cursaría la invitación para la ceremonia de traspaso de mando ni a Morales ni al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, que finalmente no viajó a La Paz este domingo. Sin embargo, los nuevos titulares de las dos cámaras parlamentarias, controladas por el MAS, sí extendieron la invitación al expresidente.

La sombra del exmandatario aymara planea sobre Arce y está por ver la influencia que tendrá en su gobierno la principal figura política de Bolivia, que hace unos días no dudó en realizar un viaje relámpago a Caracas para reunirse Maduro, el autoritario líder chavista apestado ya por casi todos los líderes de Latinoamérica, sin distinción de color político, excepto por Morales.

Tras violar ostensiblemente la cuarentena obligatoria en Argentina después de su viaje a Caracas, Morales abandonará este lunes el país que le dio refugio político. El expresidente cruzará a Bolivia desde la localidad fronteriza argentina de La Quiaca, acompañado de Alberto Fernández. Ese paso fronterizo permanece cerrado por la pandemia pero el mandatario argentino ha decidido hacer una nueva excepción con el líder indígena y permitir el paso de Morales y su comitiva, que realizarán un recorrido por territorio boliviano para llegar el miércoles, en olor de multitudes, a la localidad de Chimoré, en la región de Cochabamba, coincidiendo con el aniversario exacto de la partida al exilio del líder cocalero el 11 de noviembre del año pasado.