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Proteger la familia

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Nada es más importante que la familia; nada más amado, ni más importante para un hombre o una mujer. La familia es el soporte fundamental de un país, de una sociedad, por lo tanto, tiene que ser sólida, y para que lo sea, tiene que estar basada en valores como el trabajo, la honestidad, el amor, la tolerancia y el respeto al derecho ajeno para que la paz individual y social predominen, porque, como decía Alberto Cortez, “somos los demás de los demás”.

Se ha dicho miles de veces: la familia en las sociedades burguesas constituye la principal cedula. Si en las familias no hay “amor y control”, como dice Rubén Blades, el país se derrumba ética y moralmente. Cuide su familia, que yo cuidaré de la mía. Todo jefe de familia, hombre o mujer, uno, el otro, los dos, haremos una sociedad unida y fuerte.

La reflexión es a propósito del conocimiento de medidas de coerción contra los imputados en la operación Anti-Pulpo del Ministerio Público por corrupción, contra un grupo de exfuncionarios y testaferros, bajo la conducción del experimentado juez Alejandro Vargas.

A todos los veos hablar de sus arraigos, destacando los años de matrimonio, los hijos, padres y nietos. Me pregunto, ¿por qué un hombre o una mujer -no importa- antes de cometer un hecho doloso no piensa en su familia, en el daño que le hará cuando se descubra? Si usted ama tanto a su esposa, si ha formado una familia con ella, con hijos maravillosos, profesionales y “angelitos” como nietos, ¿Por qué la pone en riesgo?

Es penoso escuchar a un imputado hablar de su familia, de su estado de salud, etc., pero esos señores o señoras, cuando se hacían ricos con el dinero del pueblo, cuando se corrompían a manos llenas, vulnerando todos los principios éticos y morales, no pensaron en sus esposas, en sus hijos, en sus nietos, en sus padres o suegros.

Lo he dicho muchas veces, cuando un hombre o una mujer –no importa- se roban el dinero del pueblo, se están robando el presente y el futuro de su pueblo, lo están condenando a la pobreza a costa de su riqueza. Y eso es un crimen que en muchos países se paga con la muerte para dar ejemplos. En China fusilan entre tres y cinco mil cada año, incluyendo poderosos e influyentes dirigentes del Partido Comunista. En Singapur tienen el mismo remedio con muy buenos resultado. (¿?)

Con frecuencia hablo con mis hijos sobre los valores del trabajo y la honradez. Mi padre, un zapatero y chófer solía decirme: “los sueños se realizan trabajando”. Por eso con cinco años me encaramaba en una bicicleta de madrugada para ir al taller. Orgulloso estoy de sus enseñanzas y las de mi madre, una simple ama de casa a la que enseñé a leer y escribir, que hasta el último día de su vida trabajaba. El trabajo dignifica. La educación y el trabajo son las fuentes fundamentales de las riquezas individuales, familiares y sociales. No el robo. Todo lo que no es tuyo, es ajeno, tiene un dueño. Nunca permití que uno de mis hijos llegara a la casa del colegio o de donde fuera, con un juguete o cualquier otra cosa que no le perteneciera.

Las parejas que he tenido han sido estudiosas y trabajadores, incapaces de permitirme un desliz, de llegar a la casa con algo que no pudiera justificar. Se práctica con el ejemplo. Los hijos son como esponjas que absorben de los padres y de su entorno.

No le tengo compasión ni pena a los corruptos. El régimen de consecuencias para ellos tiene que ser duro. Tolerancia cero para la corrupción. Los gobiernos del PLD (Leonel-Danilo) le hicieron más daño moral a la sociedad dominicana, que económico. Un cáncer moral invadió todo el tejido social. Hizo metástasis en todos sus órganos vitales.

Hoy está en una sala de Cuidados Intensivo recibiendo quimioterapia por parte del doctor Luís Abinader y un grupo de doctores y doctoras especialistas del ministerio público encabezados por Mirian Germán y Yeni Berenice, cirujanas plásticas. A la sociedad dominicana la rociaron con “ácido del diablo”.

Curar la sociedad dominicana de los daños causados por el PLD no será fácil. Pero existe la voluntad política y el coraje, para que el paciente se levante, y camine nuevamente con la frente en alto.

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